Escudo de Peña Athletic Club de Zalla

Peña Athletic Club de Zalla

El Athletic cae sin las botas puestas en otra final para olvidar

domingo, 18 de abril de 2021

El FC Barcelona se adjudicó una nueva edición de la Copa del Rey por aplastamiento (0-4) ante un Athletic Club irreconocible, que una vez más ofreció su peor versión a la hora de la verdad para desencanto de la fiel hinchada zurigorri. Todos éramos conscientes de la gran dificultad que entrañaba superar al todopoderoso conjunto blaugrana por segunda vez en la temporada con un título en juego, pero hay formas y formas de caer derrotado. Ya lo dijo en su día el gran Marcelo Bielsa: “Las finales se pueden perder, no hay ningún problema. ¡Pero perderlas como las perdimos!”. La historia se repite cada vez de manera más sangrante. Y es que el Athletic ni siquiera compareció este 17 de abril en el estadio de La Cartuja. Con la de anoche, ya son seis las finales consecutivas que han perdido los leones, motivo más que suficiente para promover una reflexión profunda en el seno del Club.      

La tragedia se mascaba ya desde los primeros compases del choque. El Barcelona salió dispuesto a llevar la iniciativa y el Athletic cedió la pelota sin pudor alguno. El conjunto culé se sentía cómodo en el campo y sus estrellas se empezaron a gustar ante la falta de respuesta de los de Marcelino, que recularon de manera descarada hasta meterse en la cueva para tratar de capear allí el chaparrón blaugrana. Con el equipo hundido en defensa e incapaz de dar dos pases seguidos, Iñaki Williams y Raúl García eran dos islotes rojiblancos perdidos en la lejanía y desconectados de la realidad. El Barsa jugaba ya en modo apisonadora y solo las providenciales intervenciones de un inspirado Unai Simón mantenían la nave bilbaína a flote. Pero la tempestad no remitía y era cuestión de tiempo que acabase sucediendo lo inevitable.         

La fiel hinchada athleticzale se aferraba desesperadamente al salvavidas de ese manido principio futbolístico que dice que el que perdona lo acaba pagando, máxime después de que Iñigo Martínez estuviese a punto de marcar en un remate forzado con su pierna izquierda que se marchó muy cerca del poste. Fue un espejismo. Los leones no se volvieron a acercar con verdadero peligro al área de Ter Stegen en todo lo que restaba de partido, con la salvedad de una acción en la que reclamaron un posible penalti sobre Villalibre al filo ya del tiempo reglamentario. En el fútbol el balón es un elemento fundamental tanto para atacar como para defender, pero anoche el esférico quemaba en los pies de los hombres de Marcelino. Las estadísticas son harto elocuentes, especialmente en la primera mitad, en la que los azulgranas llegaron a acaparar hasta el 84% de la posesión.

Un equipo “sin”

Tras llegar milagrosamente vivo al descanso (0-0), nada cambió en el Athletic en la reanudación más allá de la sustitución de Iker Munian por Iñigo Lekue, un relevo difícil de entender, al igual que la decisión de alinear de inicio al capitán a pesar de que estaba mermado. Lo que sí cambió fue la efectividad de los jugadores del Barsa, que abrieron por fin la lata en el minuto 59 y sentenciaron el encuentro poco después con otros tres goles ante la nula capacidad de reacción de la escuadra vasca. Fin de la historia. Los leones volvieron a ser un equipo “SIN”, sin fútbol, sin recursos para asociarse y crear, sin una idea clara de juego más allá de achicar balones y de lanzar melonazos a Iñaki Williams, sin intensidad ni agresividad a la hora de aplicarse en tareas de contención… Esta vez no hubo ni rastro de aquella presión asfixiante con la que el Athletic ahogó la salida de balón y el fútbol del Barsa en la Supercopa. La única presión que hubo en el campo fue la que se autoimpusieron, una vez más, los jugadores del Athletic en una final de Copa y que parece pesarles como una losa. El equipo se limitó a poner en práctica una defensa en zona que naufragó desde el primer minuto porque nunca estuvo ajustada. Los rojiblancos llegaban tarde a las disputas, no encimaban al adversario, no mordían, y fue así como empezaron a escribir la crónica de una muerte anunciada.

Los hechos han demostrado que Marcelino no ha sabido planificar la preparación de las dos finales de Copa ni gestionar los esfuerzos de la plantilla. Si ya decepcionó la puesta en escena ante la Real, el planteamiento cobarde de anoche, condicionado probablemente por el deficiente estado físico de un Athletic que lleva más de un mes sin ganar, resultó suicida contra un equipo con el talento y la pólvora del Barsa. A estas alturas de la película, a nadie se le oculta que el despliegue que exige su estilo de juego determina las opciones de éxito de los leones, sobre todo cuando se enfrentan a rivales de gran entidad. Siempre que han conseguido plantar cara a las multinacionales de la liga es porque estaban al cien por cien físicamente, porque corrían más que el contrario, porque ganaban los duelos, porque fueron intensos en las marcas y en las disputas. Nada de esto vimos anoche sobre el césped de La Cartuja. El equipo ha llegado al mes de abril sin chispa, sin frescura en las piernas, con el depósito de gasolina justo, hasta el punto de que ni siquiera ha sido capaz de imponerse a los dos colistas de la liga en sus últimos compromisos en San Mamés.   

Si ya de por sí la propuesta de Marcelino fue muy pobre, el técnico asturiano cometió además el craso error de alinear de salida a dos futbolistas que no estaban en plenas condiciones para encarar un compromiso de este calibre. La duda que nos queda es discernir si el míster se dejó llevar por su fe ciega en Muniain y Yeray o si se vio mediatizado por la influencia que ciertos pesos pesados de la plantilla tienen dentro del vestuario. Tampoco estuvo acertado Marcelino para leer el partido y tratar de buscar soluciones con el fin de enderezar el rumbo de una nave a la deriva que estaba a punto de naufragar. Prueba de ello fue la intrascendencia absoluta de los cambios y movimientos de piezas que introdujo, con la pequeña excepción de la tardía entrada de Asier Villalibre. Llegados a este punto, es obligado preguntarse qué es lo que ha llevado a Marcelino a prescindir por completo del concurso de Iñigo Vicente, un futbolista diferente que rebosa talento y que podría ser un recurso muy útil cuando el equipo deambula a ciegas sin atisbo alguno de creatividad. 

Fue bonito mientras duró

El sueño de primavera de todos los athleticzales se ha desvanecido de la peor manera posible para convertirse en una tortuosa pesadilla. El Athletic no ha competido en ninguna de las dos finales, si bien frente a la Real Sociedad la impresión fue diferente porque ninguno de los dos contendientes estuvo a la altura de una cita de esa trascendencia. Anoche los rojiblancos dieron la sensación de ser un equipo pequeño que rozó el ridículo en La Cartuja, mal escenario y mal momento para ofrecer tan penosa imagen en un evento televisado para 159 países. Los leones perdieron así una inmejorable oportunidad de asomarse al mundo para reivindicar el modelo Athletic en la final de Copa más vista de la historia.

Pero, por suerte o por desgracia, en el fútbol todo fluye a gran velocidad. Ahora toca pasar página, sumar cuanto antes los puntos necesarios para evitar problemas en la liga y empezar a pensar ya en la planificación de la próxima temporada, no sin antes hacer una profunda reflexión sobre lo sucedido en este aciago mes de abril y sobre el futuro de nuestro club. No en vano, tanto en lo que respecta al primer equipo como a las categorías inferiores, hay muchos aspectos que mejorar en el trabajo que se lleva a cabo en Lezama a nivel técnico, táctico, físico, psicológico y mental. Para sobrevivir con nuestra singular filosofía en la élite del balompié global, el Athletic ha de estar siempre a la vanguardia en todo lo que concierne a los avances en investigación e innovación relacionados con el mundo del fútbol. 

Fue bonito mientras duró, y es por eso que no debemos olvidar ni restar mérito alguno al camino recorrido para llegar hasta aquí. De hecho, solo los leones habían conseguido sobrevivir en ambos torneos de Copa para tener el privilegio de disputar estas dos finales. El problema y la frustración radican precisamente en que no hemos sido capaces de disputar ninguna de las dos y en que son ya seis las finales seguidas sin ganar que castigan la autoestima del conjunto bilbaíno. Pero que nadie dude de que nos volveremos a levantar como lo hicimos hace tan solo tres meses cuando conquistamos de manera brillante el trofeo de la Supercopa. Seguramente habrá quienes desde Barcelona, Donosti o Madrid se pregunten hoy por qué las banderas rojiblancas siguen ondeando orgullosas en balcones y ventanas. La respuesta es tan sencilla como rotunda: porque somos el Athletic, “caso único en la historia del fútbol mundial”; porque estamos a las duras y a las maduras con el equipo; porque nuestro club encarna valores como el arraigo, el sentimiento de pertenencia, la identificación con una manera diferente de entender el fútbol y la vida... Athletic, beti zurekin!

FICHA TÉCNICA

 Athletic Club: Unai Simón; De Marcos, Yeray (Unai Núñez, m.67), Iñigo Martínez, Balenziaga; Berenguer (Vesga, m.54), Unai López (Yuri, m.67), Dani García, Muniain (Lekue, m.46); Raúl García y Williams (Villalibre, m.67).

 FC Barcelona: Ter Stegen; Dest (Sergi Roberto, m.73), Mingueza (Dembélé, m.86), Piqué (Araujo, m.82), Lenglet, Jordi Alba; De Jong, Busquets, Pedri (Ilaix Moriba, m.82); Messi y Griezmann (Braithwaite, m. 86).

 Goles: 0-1, m.59: Griezmann. 0-2, m.62: De Jong. 0-3: m.68: Messi. 0-4, m.72: Messi.

 Árbitro: Juan Martínez Munuera, del Colegio Valenciano. Amonestó con tarjeta amarilla a Dani García. El colegiado alicantino tuvo una correcta actuación, dejó jugar y se mostró remiso a la hora de aplicar sanciones disciplinarias. Los jugadores del Athletic le reclamaron un penalti sobre Villalibre en la recta final del partido. 

Incidencias: Final de la Copa del Rey de la temporada 2020-2021, disputada en el estadio sevillano de la Cartuja a puerta cerrada.

* (Foto: Athletic Club).